El techo del estado Trujillo. Un majestuoso páramo andino envuelto en neblina, coronado por lagunas glaciares y extensos valles de frailejones.
Decretado el 4 de septiembre de 1996, el Monumento Natural Teta de Niquitao-Guirigay abarca 21.000 hectáreas en pleno corazón de los Andes venezolanos, compartidas principalmente por los municipios Boconó y Urdaneta del estado Trujillo. Su pico máximo alcanza los 4.006 metros de altura, dominando un paisaje espectacular donde el frío moldea la vida. Es un reservorio ecológico vital que protege las nacientes de los ríos Boconó y Motatán, garantizando la vida en los valles bajos.
Ascender a la Teta de Niquitao es el mayor sueño de los montañistas que visitan Trujillo. La ruta desde el pintoresco pueblo de Niquitao es un viaje de purificación donde el aire se vuelve más fino y el frío más intenso a cada paso.
El páramo es una esponja gigante. El agua de las nubes y del rocío es absorbida por la vegetación y se acumula en espectaculares lagunas de aguas heladas, muchas de ellas formadas en cráteres dejados por antiguos glaciares.
Al superar la barrera de los 3.000 metros de altura, los árboles desaparecen y la montaña se cubre de miles de frailejones. Con sus hojas grises y flores amarillas, son los reyes indiscutibles de la botánica del páramo venezolano.
La densa selva nublada que antecede al páramo es el último hogar seguro para el Oso Frontino (Oso de Anteojos). Este majestuoso mamífero es el único oso de Sudamérica y un tesoro biológico que Inparques protege con extrema dedicación.